111
For a discussion of intersubjectivity as a problem of fictional form see J. Hillis Miller, «Three Problems of Fictional Form: First Person Narration in David Copperfield and Huckleberry Finn», in Experience in the Novel, ed. Roy Harvey Pearce (New York: Columbia Univ. Press, 1968), p. 62.
112
Pedro Salinas, Jorge Manrique o tradición y originalidad (Buenos Aires: Sudamericana, 1947), p. 166. See also Booth, «Control of Distance in Jane Austen's Emma», in The Rhetoric of Fiction, pp. 243-266.
113
Hafter, p. 235.
114
Manso himself spells out the utilitarian character of his society when in Chapter VII he compares Spain to the United States: «España se va pareciendo, cosa extraña, a los Estados Unidos de América, y, como esta nación va siendo un país escéptico y utilitario, donde el espíritu fundente y nivelador domina sobre todo» (1183).
115
Citing the image «sombra desfigurada» which appears at the end of the novel, Newton observes that the words constitute Manso's self-commentary which «reveals his belief in his own existence»: «Máximo, who in the beginning identifies himself as 'sombra de sombra', perceives at this point how he has changed, and the comparison he makes implies belief in the substantive existence of 'el señor Manso'. A shadow has no substance; it cannot develop. Manso, through pain, has acquired a reality of being and the perspective which permits him to recognize it» (p. 119). Yet by interpreting the definitions of «sombra» only from Manso's point of view, whether past or present, Newton implies that his acquired reality is still shadow, a fiction, whereas from our vantage point his «sombra desfigurada» partakes, even more distinctly and compellingly, of humanity, in contrast to the other characters in the novel.
116
Por ejemplo, H. Chonon Berkowitz en Pérez Galdós, Spanish Liberal Crusader (Madison: Univ. of Wisconsin Press, 1948): «For same reason neither Clarín nor Luis Alfonso nor Palacio Valdés... put down in writing their appraisal of the novel» (p. 159).
117
Le agradezco a Peter B. Goldman el haberme ayudado a conseguir una fotocopia de la reseña. La primera edición de El amigo Manso se publicó en Madrid: La Guirnalda, [1882].
118
Quiero hacer constar mi agradecimiento a Robert M. Jackson por su generosa ayuda al informarme de la existencia de este artículo y al proporcionarme una copia del mismo.
119
Se trata de Émile Zola.
120
Clarín se está refiriendo a Miguel García Romero, «La Pródiga. Novela de Don Pedro A. de Alarcón», Revista de Madrid, 3 (1882), 465-69, donde García Romero, de orientación muy conservadora, hace de paso el comentario siguiente al nombrar a los que contribuían al resurgimiento de la novela en España: «Pereda, el insigne pintor de costumbres, realista de buena ley, y superior a Galdós, a quien perjudica notablemente el ímpetu con que se arroja a ventilar los más temerosos problemas» (p. 465). La reacción a las palabras severas de Clarín no se dejó esperar. En su reseña de El sabor de la tierruca, «Cartas a mi primo. Quinta. Con ocasión del último libro de Pereda», Revista de Madrid, 3 (1882), 565-69, García Romero, después de expresar juicios como: «Hoy en día, nadie como Pereda sabe dar a la novela eso que se llama el color local»; «Por lo que hace a describir, no sé de ningún contemporáneo que le vaya delante», se lanza a una defensa de su postura y a un ataque directo: «Añadir que la obra está gallardamente escrita, fuera excusado: harto sabes tú que es el Sr. Pereda maestro consumadísimo en el difícil arte del bien decir. Esto ni siquiera lo duda Clarín, joven de talento y de instinto crítico, a quien la pasión ¡mal pecado! quite no pocas veces conocimiento. Con ser Pereda un neo de tomo y lomo, y he aquí la luminosa razón que sospecha Clarín tengo yo para creerle mejor novelista que a Galdós (a quien admiro en todo lo que vale, por sus grandes méritos, y hasta por su rara modestia), se cae de su peso que las obras de Pereda pueden ser leídas por la más púdica y recatada doncella» (pp. 568-69).