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Una posible fuente panfletaria de Nazarín:
«Evangelio de Don Juan; el moderno precursor en la segunda y
anunciada venida del Mesías»
El evangelio de Don Juan; el moderno precursor en la segunda y anunciada venida del Mesías es un folleto en cuarto, publicado en la Habana, en 1888, debido a la mano de Juan Peón Contreras de Elizalde, alias Juan Bautista Precursor II del Mesías, que cuenta la aparición de un segundo Jesucristo en Yucatán, y que forma parte de la biblioteca de Galdós. Berkowitz lo registra en la página 65 de su catálogo, bajo la rúbrica de religión, con el número 522, y Sebastián de la Nuez lo incluye en la página 60 del suyo, con el número 290. Su asignatura actual en la Casa Museo en Las Palmas es XI-2050. Este folleto tiene interés para el estudiante de Galdós porque contiene figuras y temas que reaparecen en Nazarín, y es probable que fuera una provocación importante para la escritura de la novela cristológica galdosiana, publicada en 1895.
El argumento, contado en verso, con prólogos y epílogos en prosa, es el siguiente. Un hombre, de apellido Rosal, oriundo de Honduras, va a Yucatán a los 33 años de edad, y entre 1885-1888 recorre la península como mercader ambulante, cautivando a ricos y pobres con su palabra y su trato. Predica grandes cambios y una nueva Edad de Oro. Le aclaman como un segundo Jesucristo, y él así lo afirma. Sana a los enfermos. A pesar de su carismática presencia, a veces lo toman por loco, y es encarcelado por provocador y por atentar contra la autoridad civil y eclesiástica. El autor del opúsculo, Juan Peón Contreras de Elizalde, antaño arqueólogo y ahora converso a la fe del nuevo Cristo, ha sufrido la cárcel con su maestro, y anuncia al final del folleto su inminente viaje a Barcelona para propagar la buena nueva. A continuación pasamos a considerar varios puntos de contacto, y algunas sugerentes divergencias, entre el panfleto y la novela galdosiana.
La cubierta contiene la siguiente información, además del título que arriba se apunta (mantengo la ortografía, acentuación y todo el régimen gráfico del folleto): «¡¡EXTRAORDINARIO Y SINGULAR DESCUBRIMIENTO!! Quién es y dónde reside, como un particular y en forma humana, 'EL ANTICRISTO', ó sea, el demonio más grande que tiene Yuvatán y las naciones extrangeras. El precio de este folleto, para todo aquel que lo reciba es el siguiente: Una plegaria al Altísimo, Pagar un mal con un bien, O una limosna á un Mendigo. HABANA, 1888». La mención del anticristo reaparecerá a lo largo del folleto, y tendrá puntos de contacto, como veremos, con la figura de don Pedro Belmonte, señor de la Coreja, temible terrateniente, que, como se recordará, Nazarín reprende y amansa, ayudado por la imaginación tenaz de aquél, pues el señor cree ver en el clérigo a un sacerdote armenio, que, como prefiguración de Tolstoy, peregrina a pie por Europa (III, vi-ix)65. Los conceptos del rezo, la limosna y la no-violencia igualmente aparecen de manera fundamental en la novela galdosiana.
Al abrir el folleto, la leyenda de la portada nos acerca más a la concepción galdosiana: «LA SACRA Y REAL MISION (ANOTADA) DE JESUS, EL INCOGNITO, EL BUHONERO, EL GRAN CONSOLADOR, POR JUAN, SU PRECURSOR, —52→ EL PEREGRINO, EL REAL CONFIRMADOR. ¡A YUCATAN Y AL UNIVERSO ENTERO!». Y aduce una cita no identificada: «EL HIJO DEL HOMBRE aparecerá como un Ser sobrenatural, revestido con la apariencia humana, encargado de JUZGAR al Mundo y de presidir la EDAD DE ORO». Los datos de imprenta cierran la página: «HABANA. Imprenta EL AEROLITO, Gallano 129. 1888». No sólo el concepto de un Jesús «revestido con apariencia humana», que ha de aparecer de nuevo, guarda relación anecdótica con Nazarín, sino también el concepto pagano de la Edad de Oro, como veremos.
El panfleto propiamente consta de tres textos introductorios en prosa; una parte principal en verso (67 estrofas en arte mayor y menor); y cinco pequeños trozos en prosa que cierran el cuaderno.
El material introductorio es encabezado por una «CARTA ABIERTA ¡A SU SANTIDAD LEON XIII!» fechada «DE YUCATAN A ROMA EL 1º DE ENERO DE 1888», donde se lee:
(sin numerar) |
Firma esta dedicatoria: «Juan Bautista. PRECURSOR II DEL MESIAS».
El parecido con el concepto nuclear de la novela galdosiana es patente: Cristo vive de nuevo, y anda predicando a finales del siglo XIX en peripatética forma humana para establecer la Edad de Oro, deseada por Nazarín, quien la invoca frente a don Pedro Belmonte: «Ciego estará quien no vea las señales precursoras de la Edad de Oro religiosa» (III, viii, 1725-26). Para nada mencionan los evangelios esta pagana Edad de Oro, que tanto el folleto como la novela galdosiana aducen. Claro está que la Edad de Oro es tema del famoso discurso de don Quijote ante los cabreros (I, xi), episodio que no podría ser ignorado por Galdós en una obra suya tan cervantina y quijotesca. Pero la importancia del antecedente panfletario es precisamente su unión del mito pagano con el discurso evangélico, sincretismo que se refleja en Nazarín.
Mas Nazarín no pensaría jamás ser él el sensibilizador de esta nueva edad dorada, y en la novela galdosiana está de acuerdo con don Pedro Belmonte, en suponer que ése será probablemente un Papa (III, viii, 1726). El mismo León XIII, a quien está dedicado el panfleto de Juan Bautista, es mencionado en la aducida escena por Nazarín, como sensibilizador de grandes cambios (1725). De hecho, lo que en el folleto es panegírico y certidumbre, en Nazarín, como han visto varios (entre ellos Goldman y Dendle) es ambigüedad, cuyo correlato anecdótico es aquí la propia negación por parte del héroe de su carácter sobrenatural.
Después de una segunda y breve carta, al arzobispo de México, consta en el folleto una «Comunicación abierta al Gran Senado Mexicano», de la que citaré en parte, donde encontramos unos pormenores muy parecidos a ciertos detalles de la novela galdosiana:
(4) |
Si bien este avatares mercader, y no sacerdote, como Nazarín, no obstante comparte con él varias características: su naturaleza andariega, sus sufrimientos a manos de la turba, y su «heroica resignación», así como su desprecio de las diferencias de clase, rasgo éste quizás más notable en Halma.
Igualmente estrecha es la relación entre otro personaje de la novela, don Pedro Belmonte, y el antagonista del folleto, el anticristo que, desde su aparición con letras de igual tamaño al nombre del profeta en la cubierta, mantiene su casi igual importancia a lo largo de todo el folleto. Peter Bly califica el episodio con el señor de la Coreja como «the longest and most important in the novel» (39). No cabe duda que es una figura importante en la novela galdosiana, y que carece de antecedente unitario en los evangelios. Ciriaco Motón Arroyo ha podido encontrar unas semejanzas con tres figuras del nuevo testamento (Herodes, Nicodemo y el rico que se niega a abandonar su riqueza) (73), y Bly lo asocia con don Diego de Miranda, los duques y el mismo león aburrido del Quijote (94), pero estas triples comparaciones sólo hacen más notable la ausencia de una sola figura pretérita. No así si tomamos en cuenta este folleto, en el cual, precisamente, el antagonista de este Mesías yucateco es de suma importancia. Ya lo vimos mencionado en la cubierta, como el anticristo. Ahora, en la relación en verso, centro del panfleto, se presenta como hombre rico, poderoso y temible, a quien el Jesús americano amansa. Su descripción reza así:
(16-17) |
Tras mencionar brevemente a otros señores y señoritos adinerados que asolan al país (uno de ellos, por cierto, sugiere al Pinto: «Allí Adolfito está, que es un demonio» (221), vuelve a mencionar al temible señor, ahora al parecer bajo el dominio de Jesús: «Allá en Motul, [...]/ Do Novelo imperaba por lo diestro,/ Tiene Reino Jesús mi Insigne Maestro» (27).
Los animales de Novelo recuerdan a los de Belmonte, quien, como el caudillo yucateco, vive entre animales. Rodean su finca mastines, que muerden a Nazarín y sus dos acompañantes (III, vi, 1720); sus patios interiores están ocupados por «carneros» y «dos vacas» (III, vi, 1722), y en su palomar, que de lejos parecía marcial torreón, hay «miles de parejas de palomas» (III, vi, 1722). En cuanto al epíteto de «anticristo» con que a Novelo se designa, aparece un concepto próximo a aquel en Nazarín, pues el clérigo le da a entender a Belmonte que por tal se le tenía, pero que la gente se equivocaba: «Parte de lo que dije hace poco a usted [...] queda sin efecto por este acto suyo de caridad. Quien tal hace, no es, no puede ser enemigo de Cristo» (III, vii, 1725).
Como vemos, Belmonte se parece a Novelo, pero sólo en su «persona» inicial, pues, igual que sus mastines presentan al mundo sólo su fiereza en el circuito más —54→ externo de sus propiedades, mientras que más adentro, en sus patios tiene animales domésticos y hasta emblemáticos de la paz misma, de la misma manera su personalidad se va revelando con el trato. La figura violenta exterior cede en la novela a otra más compleja y generosa: el torreón deja ver que es también palomar.
Otro episodio importante de Nazarín parece anunciarse por una nota al pie a los versos en el folleto, aunque bien pueden encontrarse antecedentes evangélicos esta vez; se trata de la prisión que sufre don Nazario. La nota de Juan Peón reza así:
(27) |
No sólo se anticipa al prendimiento de Nazarín (IV, vi-viii, y la parte V entera), sino que se ve aquí cómo este folleto pudo ofrecer a Galdós el germen de la estructura paródica misma, que recrea y modifica el original, pero lo suficientemente de cerca como para seguir evocando el modelo excelso, ya que Juan Peón aduce el ejemplo pretérito del prendimiento de Jesús como antecedente emblemático del suyo66.
La semejanza con Nazarín es patente en varios pasajes siguientes. En las estrofas IX y LX de la parte versificada leemos:
(29) |
Vemos anticipada en estos dos pasajes la personalidad atrayente de don Nazario, cuyo trato fascinó, efectivamente, a don Pedro Belmonte, así como la mención de cárcel y enfermos, dos de los episodios principales de la novela galdosiana y que Juan Peón vuelve a tratar, desarrollándolos en el epílogo en prosa, con caracterizaciones asombrosamente «nazarinianas»:
(36) |
Este pasaje guarda estrecha semejanza con algunas de las peripecias de Nazarín: su dificultad con las autoridades civiles y eclesiásticas al principio de la novela, y también en las partes IV y V, la llamada a casa de la Fabiana (III, iii-v) cuya hijita enferma él sana, al parecer milagrosamente, así como su trabajo en Villamantilla y Villamanta, donde ayuda a las víctimas de una epidemia de viruela (IV, i-ii), y, finalmente, el concepto ambivalente que inspira, de loco, que sin embargo se ganará el respeto del poderoso don Pedro Belmonte.
La crítica ha notado la relación entre Nazarín y varios antecedentes literarios e históricos, además de la evidente intertextualidad bíblica y cervantina (Parker y Morón —55→ Arroyo entre otros) vista ya por los contemporáneos del autor (Bly 91, n. 23). Vera Colin ha parangonado la novela galdosiana con varios textos de Tolstoy, especialmente Mi religión. Walter Pattison nos enseñó en su momento la relación con la vida del poeta y sacerdote Jacinto Verdaguer.
Lo interesante de la estrecha relación de este folleto que ahora comentamos con Nazarín va más allá de las semejanzas de argumento y personajes, que, como vimos, son notables. También hay una importante relación formal entre los dos textos: su estructura paródica, su condición de palimpsesto. Ambos se escriben sobre la pauta del texto evangélico, que cambian conscientemente. Asimismo el hecho de ser éste un folleto que pretende ser informativo lo acerca al género periodístico (entonces, incluso más que ahora, una mezcla de información y opinión, no muy claramente diferenciadas), que tanta importancia tiene en la novela galdosiana, ya que comienza, efectivamente, con la visita del narrador y un reporter, y continúa como crónica. Creo que se puede considerar este curioso folleto, que Galdós poseía, como una provocación importante para nuestro novelista.
Una vez vista esta relación, queda en más acusado perfil la naturaleza del realismo galdosiano. ¿Qué hay de panfletario en Nazarín, y qué rebasa aquel género de unívoca intención? Si bien hay una crítica implícitamente política en esta novela galdosiana, un cotejo de ambos textos señala muy claramente la presencia de un elemento en Nazarín completamente ausente del panfleto: me refiero a la ironía. Diane Urey, Peter Bly, Brian Dendle y Peter Goldman (en las obras citadas en la bibliografía) han estudiado la presencia de aplazamientos irónicos de figuras y voces narrativas en Nazarín. Tales aplazamientos irónicos son excepcionalmente importantes en esta novela, incluso en el contexto de una producción novelística caracterizada casi en su totalidad por esa actitud narrativa, como muestra Urey.
Una razón fundamental de ese acentuado distanciamiento creo deberíamos buscarlo en el mito que Nazarín reescribe, o re-inscribe. Cuando Galdós vuelve dos años después en Misericordia al mito de Jesús, ha encontrado la solución: cambia el sexo de su figura cristológica. Benina, en su serena fuerza, no es objeto de una mirada narrativa tan ambigua, pues su figura no sólo cristológica, sino también demetriana, no corre el riesgo de hablar «en el nombre del padre», es decir, de manera autoritaria67. Galdós, novelista dialógico por excelencia, como nos recuerda Alicia Andreu, se ve obligado, cuando re-inscribe el logos patriarcal en Nazarín a postergarlo y diferirlo, a tratarlo con la paradójica deferencia de la ironía.
Pero el cotejo de panfleto y novela sirve no solamente para acusar por contraste la presencia del elemento irónico en ésta, sino que nos recuerda, en el tratamiento épico y heroico del folleto, la importancia del mito recreado. Así queda demarcado el realismo galdosiano -como, efectivamente, el realismo en sí- en un campo semántico entre los dos polos del mito y la ironía68.
Boston University