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Las relaciones literarias y culturales entre España y los países hispanoamericanos adquieren, desde principios del siglo veinte y de manera relevante en las décadas de los años veinte y treinta, una gran importancia. Contactos establecidos a través de las revistas, las instituciones intelectuales o la actividad diplomática, fomentarán las relaciones personales y el desarrollo de proyectos literarios que parten de presupuestos estéticos más o menos semejantes. En este sentido cabe recordar las estancias de Vicente Huidobro, César Vallejo, Pablo Neruda o Jorge Luis Borges, entre otros hispanoamericanos, en España; los viajes de destacadas figuras de la intelectualidad española a distintos puntos de Hispanoamérica (significativo es el caso de Ortega y Gasset), la colaboración de escritores y pensadores hispanoamericanos en revistas culturales y literarias españolas (La Gaceta Literaria, Revista de Occidente...) y de españoles en órganos difusores de la vanguardia en Hispanoamérica (Contemporáneos, Proa, Sur...), la importante actividad editora madrileña que difunde algunas de las obras fundamentales de la prosa vanguardista hispanoamericana (especialmente a través de las empresas impulsadas por Ortega)... Una historia de encuentros, pero también de desencuentros (recordemos, por ejemplo, la famosa polémica suscitada en 1927 sobre el «meridiano intelectual de Hispanoamérica»45), que permitirá calibrar y situar en su justo lugar el desarrollo y evolución propia de ambos procesos.
En lo que atañe a los estudios sobre la vanguardia literaria, hispanoamericana y española, la crítica ha coincidido en señalar el vacío que durante largo tiempo aisló a las manifestaciones en prosa. Ese silencio crítico ha sido contrarrestado en las últimas décadas con la recuperación de muchos textos, y con estudios que, desde perspectivas novedosas que permiten una comprensión más cabal de las expresiones artísticas vanguardistas, analizan la prosa de vanguardia incidiendo en su papel de eslabón de especial relevancia dentro de la cadena de renovación de la narrativa46. Un análisis detallado y profundo de esta producción no sólo completará ese panorama sesgado de la vanguardia, sino que, además, a partir del análisis de las profundas transformaciones que llevan a cabo los vanguardistas, se podrán establecer las relaciones oportunas entre su obra y el proceso renovador que experimenta la narrativa a partir, aproximadamente, de 1940. Se percibirá así, de manera global, el proceso y desarrollo modernizador de la narrativa, tanto española como hispanoamericana.
Con
respecto a las relaciones establecidas entre la vanguardia
española e hispanoamericana, es destacable el papel jugado,
como focos de difusión de las nuevas propuestas, por la
Revista de Occidente y la colección «Nova
Novorum», promovidas por Ortega y Gasset en el marco de su
intensa labor de difusión de la producción vanguardista
de ambas orillas47.
Inexcusable es citar, también, La deshumanización del
arte e Ideas sobre la novela, que tendrán un eco
decisivo (bien desde la aceptación, bien desde la crítica
o el rechazo) en la vanguardia
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En el panorama argentino, los años veinte van a ser escenario de la famosa polémica «Boedo-Florida». Todo comienza en 1924, en el periódico Martín Fierro, principal órgano difusor de «Florida», con la inclusión de un artículo de Roberto Mariani. Ya en este primer artículo, Mariani muestra sus reservas con respecto a figuras como Paul Morand o Ramón Gómez de la Serna, entre otros, para -más tarde- precisar, en un segundo texto publicado como introducción a la Exposición de la actual poesía argentina (1927), toda una serie de oposiciones que marcarían las distancias entre ambos grupos49. Más allá, como señala Jorge Schwartz, del maniqueísmo y ciertas contradicciones que se derivan de las oposiciones enunciadas por Mariani50 y, por supuesto, más allá de la existencia de tales grupos como entidades opuestas y en conflicto51, entre dichas oposiciones ya se destaca la figura y la obra de Ramón Gómez de la Serna como modelo de los vanguardistas, escritor que Martín Fierro, «la más cosmopolita y renovadora de las revistas argentinas del período»52, admira declaradamente y en la que el español colaboró.
Ramón Gómez de la Serna.
Ramón Gómez de la Serna ocupa, sin duda alguna, un lugar de suma importancia como mentor e iniciador de una nueva concepción y práctica de la narrativa, convirtiéndose en un punto de referencia fundamental para las propuestas más destacadas y arriesgadas del panorama tanto español como hispanoamericano, Domingo Ródenas califica a Gómez de la Serna de «pionero», apuntando:
De los dos mentores vanguardistas, Rafael Cansinos-Asséns y Ramón Gómez de la Serna, sólo el segundo fue capaz de crear una obra que influyera poderosamente en el derrotero de los narradores jóvenes [...]. Ramón Gómez de la Serna [...] fue el primer narrador vanguardista, primero en términos cronológicos y en poder de cristalización de una fórmula53. |
Precisamente, en su primer viaje a Buenos Aires, Gómez de la Serna busca encontrarse con Macedonio Fernández, figura esencial para la vanguardia argentina y con quien ya se carteaba -apunta en sus Retratos contemporáneos- desde antes de 192754. El escritor recuerda ese encuentro «tan esperado desde el año veinticinco»:
(Retratos..., pp. 171-172) |
Como también señala Gómez de la Serna, por aquel
entonces Macedonio ya se había dado a conocer con su
Revista Oral y sus famosos brindis, ya había
publicado Papeles de Recienvenido y No toda es vigilia
la de los ojos
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En una «Solicitada (de Agradecimiento)» en respuesta a una crítica, escribía Macedonio de Gómez de la Serna: «... no digo que me resucitó pues hasta puedo decir que me nació»56. La admiración es mutua y se traduce, más allá de la amistad personal, en una comunión de intereses que abrirá un camino decisivo en el panorama literario.
La vanguardia, como proceso inmerso en la modernidad, se caracteriza ante todo por la diversidad y la pluralidad de sus propuestas, en suma, por la libertad que proclama como principio básico de toda tentativa artística. Si bien la producción de Macedonio Fernández y la de Ramón Gómez de la Serna responden a particulares y propias concepciones del hecho literario -en ambos casos, no es arriesgado afirmar que más allá de cualquier «ismo»-, y al margen, como apuntaba, del contacto personal y admiración recíproca que une a estos dos grandes maestros, ciertos rasgos conectan sus respectivas poéticas: pensemos en la importancia que en ambas propuestas cobra el «humor», la idea del arte como «invención» y «técnica», el gusto por la paradoja y la contradicción... Rasgos que vienen a confluir en una idea central que, como veremos, responde, en último término, a una intención esencialmente vanguardista.
En el panorama literario de los años veinte y treinta, la narrativa circulaba por unos cauces muy diferentes a los de las propuestas objeto de este estudio: el espacio literario estaba ocupado por la estética realista, y su dominio permanecerá en las décadas siguientes. Pero el canon mimético-realista no puede sostenerse ante la crisis general de orden epistemológico que marca la entrada en la modernidad: el conocimiento absoluto ya no es posible y, en su lugar, la ambigüedad y la incertidumbre se imponen. Proceso del que no quedarán ajenas las expresiones artísticas y, consecuentemente, la narrativa. La modernidad supone una nueva concepción del sujeto, del tiempo y del espacio, cambios que motivarán la necesidad de desarrollar nuevas formas estéticas que respondan a la realidad de ese presente. La vanguardia convocó entonces una variedad de estéticas que, en conjunto, podríamos denominar una «antiestética», en lo que tiene de rechazo y oposición a la estética «oficial», inaugurando nuevos caminos que veremos desarrollados, y en muchos casos plenamente realizados, en años posteriores. Bajo este estandarte caminan y adquieren sentido las propuestas de Macedonio Fernández y Ramón Gómez de la Serna.
Desde el desafío directo a la estética realista, foco de las propuestas vanguardistas, se llevará a cabo, en el campo de la prosa, una reformulación del concepto «novela», identificado éste, y de ahí su rechazo, con el de «novela realista». Surge entonces la controversia en torno a las denominaciones que las nuevas expresiones deben asumir, a lo que se va a sumar la dificultad para adscribir a un determinado género muchas de esas manifestaciones. En este sentido utilizo el término «prosa de vanguardia», denominación surgida en el debate mismo de los vanguardistas y que pone de manifiesto una de las características centrales de su producción, la indefinición genérica.
Tanto en Macedonio como en Ramón está presente esa necesidad de romper con las fronteras de los géneros: pensemos en las «greguerías», la expresión más originalmente ramoniana y pilar de toda su obra, a medio camino entre el poema en prosa y el aforismo, aunque superando estos y otros límites, dando origen a un «género nuevo»57; o en las propuestas macedonianas, en las que la reflexión metafísica, la narración y el humor inteligente se entremezclan en ese su intento de acabar con la «novela mala» y dar entrada a la «buena», que podemos identificar con la también llamada y tan buscada «primera novela nueva»58.
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La novela tradicional va a ser considerada una forma caduca, sobre y contra ella los vanguardistas impondrán una visión fragmentaria del mundo y el rechazo a la idea de sujeto como unidad lógica y racional. Desde aquí, inaugurando una nueva lógica o coherencia estética, atentarán contra los elementos definitorios de la narración tradicional: caracteres, intriga, argumento, acción, tiempo y espacio... Se debatirán las relaciones entre compromiso y esteticismo, la metáfora y el humor alcanzarán un papel destacado, de la misma manera que la reflexión metaliteraria, desde la concepción de un arte consciente de su propio carácter artístico, inventivo y no mimético. Sus narraciones estarán marcadas por la fragmentariedad y la discontinuidad (desde el replanteamiento de las nociones de tiempo y espacio), prestando especial atención al lector de acuerdo con una concepción de la obra literaria como abierta, asumiendo entre los objetivos fundamentales de la obra el conmover, alterar al lector. Estos rasgos pueden resumir el proceso renovador que inician los vanguardistas y, como vengo insistiendo, además de conectar las producciones españolas e hispanoamericanas, serán efectivamente realizados en el marco de un proceso renovador más amplio.
Ramón Gómez de la Serna.
A estos principios responde Museo de la novela de la Eterna, la expresión más perfecta del proyecto macedoniano que, si bien no se publicará de forma completa hasta bien entrados los años sesenta, fue conocida por los círculos vanguardistas en las décadas de los años veinte y treinta, fechas en las que Macedonio inicia su redacción y en las que es dada a conocer a través de diversos «prólogos-anuncios» publicados en revistas59. Precisamente esos valores son los que destaca Macedonio en sus elogios a Gómez de la Serna, incidiendo especialmente en la concepción del arte como invención y técnica (arte consciente), dos de los elementos que sostendrán la propia teoría del «Belarte» macedoniano. Claramente significativas son las siguientes palabras de Macedonio, elogio a la vez que exposición de su propia teoría de la «Belarte Palabra»:
Yo opino que Gómez de la Serna es el poeta máximo que se dio hasta hoy, más consciente, y al par más honrado, menos ilusionista en la franqueza de su oficio, de exhibirse como artifaciente no como «inspirado», ante el lector, obligado por él, como había que buscarlo alguna vez, a ser lector consciente, que sabe que lee y admira sin creer, sin creer que está ocurriendo nada en la Realidad, creencia que sólo necesitan los lectores de diarios, biografías, autobiografías y anecdotismo y reportajes de personas celebradas; me corrijo, no es honradez, es seguridad de que el deleite pedido al Arte «hecho», se impone sin merma, aun al que vio cómo se lo estaba haciendo. Mi idea de que la Idilio-Tragedia es el fin del arte la mantengo, pero por usted he comprendido que habrá esa y otra Literatura, la inventiva pura, la de Invención, es decir de suplantación o derogación de la Realidad, la Invención Absoluta, no interpretativa ni de descubrimiento en la Realidad de lo que otros no vieran60. |
Tanto Macedonio con Ramón, al igual que la mayoría de los vanguardistas, atentaron, con procedimientos diversos, contra la ilusión de realidad: introduciendo la autorreferencialidad para evidenciar y acentuar el carácter no mimético del relato, haciendo alarde de las propias técnicas utilizadas; desfigurando a los personajes, convirtiendo al autor en personaje...61
Se
plantea entonces un debate central en relación con el arte de
vanguardia: la relación vida-arte. La identificación
entre narrativa de vanguardia y el llamado «arte puro» no
responde a la esencia de la mayor parte de los textos que, no
obstante, encierran en su interior una suerte de aparente
contradicción. Como ha señalado José Manuel del
Pino, «la narrativa vanguardista se plantea, al igual que el
realismo, la representación de la sociedad de su época;
será el modo en que lo haga y la idea subyacente de la
imposibilidad de una obra artística de afán totalizador
lo que marque las notables desigualdades»62.
En el caso de Macedonio
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Polemizando aquí también con Ortega y Gasset (La deshumanización del arte), Gómez de la Serna propugna el acercamiento entre vida y arte, y de la misma manera que proclama a aquella como centro de la creación, rechazando toda la literatura anterior porque no le da cabida66, en un plano personal vivirá también esa disolución de fronteras. Y aquí, en este plano que podemos traducir como cierta excentricidad, coincide igualmente con Macedonio: su vida, en suma, podría equipararse a su obra. Como señala Ana Martínez-Collado, en el caso de Gómez de la Serna tres espacios, creados por el propio autor, le permiten dinamitar esas fronteras y extender el sentido del arte a su propia vida: la tertulia del Pombo, las conferencias y el circo67.
Ramón Gómez de la Serna.
Otro elemento capital de la estética de la vanguardia que se convierte, además, en objeto de reflexión teórica de gran parte de los autores, es el humor. Gómez de la Serna caracterizaba la escritura macedoniana a partir de la conjunción de dos elementos claves, la metafísica y el humorismo:
(Retratos..., p. 175) |
Y
recordemos la famosa definición de la
«greguería» dada por su creador: «metáfora
+ humorismo»68.
Dentro del conjunto de reflexiones que ambos autores dedican al
humorismo, destacan dos ensayos centrados en ese elemento central
de sus respectivas poéticas: «Para una teoría del
humorismo», recogido en la edición de 1944 de Papeles
de Recienvenido, prologada por Gómez de la Serna; y las
ideas recogidas por Ramón en «Gravedad e importancia del
humorismo»69.
Sin entrar en un estudio pormenorizado de la concepción
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En la «Belarte Conciencial» de Macedonio tiene únicamente cabida lo que denomina «Belarte-Palabra o Prosa» que integrarían la «Novelística, Literatura Seria o de Pasión», la «Humorística Conceptual o Ilógica del Arte» y la «Poemática del Pensar», todas ellas artes indirectas por valerse de la palabra escrita y todas ellas «Belarte» en tanto que, a través del personaje, del chiste conceptual y de la metáfora respectivamente, responden a la exigencia fundamental: producir en el lector la «conmoción conciencial»70. Con respecto a este fin primordial de todo su Belarte, aplicado a la Humorística, señalaba:
(«Para una teoría del humorismo», Teorías, pp. 302-303) |
Macedonio Fernández.
Macedonio se refiere al «humorismo conceptual» -el único «genuinamente artístico»-, ya que el «humorismo realista», de acuerdo con su rechazo general del realismo en arte, debe ser desechado,
(«Para una teoría de la humorística», Teorías, p. 296) |
Para Gómez de la Serna, el humor en la obra literaria, «ese humorismo que se abre como una sombra última sobre las cosas», tiene como fin «desconcertar al personaje absoluto que parecemos ser, dividirle, salirnos de nosotros, ver si desde lejos o desde fuera vemos mejor lo que sucede», o, si se quiere, «oponer a las verdades que se dan por seguras las verdades supuestas, confundiendo al mundo»71. Confluye así con el pensamiento macedoniano en ese interés de desacomodar interiores y desmontar verdades a través de un humorismo que «no tiene nada que pueda agradar a los que se sacian de orgullo encerrándose en sus certitudes» porque, como señalaba Pawlowski y según cita Ramón
(«Gravedad e importancia del humorismo», Una teoría personal..., p. 215) |
En sus Retratos contemporáneos, Gómez de la Serna, pareciera que refiriéndose a su propia obra, si bien aludiendo a la del argentino, señala: «Lo magno de Macedonio es la voluta, es la espiral nueva del humorismo, es la mezcla de lejanías en la paradoja, es la operación de la forma...»72. Ambos construyeron su obra a partir de esos elementos -el humor inteligente, la paradoja, la contradicción...- llevando a cabo una «operación de la forma» que, destruyendo la concepción tradicional del arte, abre un camino decisivo al futuro, inaugura la «novela futura». Sus propuestas, durante tiempo recluidas en el silencio, serán retomadas, efectivamente realizadas y redefinidas en décadas posteriores.
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Si bien una constante en los estudios sobre la vanguardia, literaria y artística en general, consiste en definirla como proceso de ruptura, destacando su carácter experimental en lo que atañe a formas y estructuras, no se debe olvidar su inserción dentro de un proceso general de renovación, no sólo estética sino cultural en el más amplio sentido. Tal premisa permitirá analizar con el rigor necesario los movimientos de vanguardia y situar en un plano distinto la producción de determinadas obras que, como las de Macedonio y Ramón, prefiguran y preparan el camino para la definitiva renovación de la narrativa. Sin obviar el vínculo que, fruto del flujo que las caracteriza, conecta a las vanguardias, y teniendo en cuenta los otros múltiples paralelismos así como divergencias que, en un estudio más amplio, podrían apuntarse, la obra de Macedonio Fernández y la de Ramón Gómez de la Serna se convierten en emblema de la activa y fructífera relación cultural y literaria que se estableció entre España e Hispanoamérica durante los años marco de la vanguardia.
