«Muerte», en PC (1), p. 225.
«Ajedrez» (II), El Hacedor (1960), en PC, p. 125.
A lo largo de las páginas del Diario íntimo, Unamuno expresa en varias ocasiones esa obsesión: «Dios me ha concedido el que esa enfermedad de mi alma quedara oculta, el que no trascendiera esa yoización [...]»; en Diario íntimo, Madrid, Alianza Editorial, 1986, p. 274.
Luciano González Egido, Agonizar en Salamanca (Unamuno, julio-diciembre 1936), Madrid, Alianza Editorial, 1986, p. 274.
Jorge Luis Borges, «Inmortalidad de Unamuno», Sur, Buenos Aires, año VII, n.º 28, enero de 1937. Cito por Borges en Sur (1931-1980), ed. de José Bianco, Buenos Aires, Emecé Editores, 1999, p. 144.
Cancionero, PC (3), pp. 535-536.
Agradezco la amabilidad de Donatella Pini, Paco Tovar y Teresa Férriz que me han proporcionado algunos de los textos analizados.
Profesora titular en la Universidad de Salerno, donde alterna cursos y publicaciones de Literatura Española contemporánea con otros de Literatura Hispanoamericana. Es autora de numerosos ensayos y monografías publicados en Italia, Francia, España y Uruguay sobre la literatura de la Guerra Civil española y del exilio (las revistas Hora de España y Romance, Juan Gil Albert, Rosa Chacel, José Bergamín, Max Aub, etc.), sobre géneros literarios (cuento, autobiografía, epistolario), autores españoles e hispanoamericanos (Mario Benedetti, Horacio Quiroga, José Pedro Díaz, Fernán Caballero, Rosa Montero, etc.) y sobre la narrativa hispanoamericana del 900 (realismo mágico, novela histórica posmoderna, etc.).
Luis Cernuda en su ensayo Variaciones sobre un tema mexicano (México, Porrúa, 1952) señala cómo los hechos de América han despertado siempre escaso interés entre los escritores e intelectuales peninsulares, mientras que José Luis Abellán señala que en el primer tercio del siglo XIX hubo un buen número de autores liberales que escribieron sobre las guerras de independencia («Filosofía y pensamiento: su función en el exilio de 1939», en El exilio español de 1939, III, Madrid, Taurus, 1976, pp. 189-190). Tampoco podemos olvidar la atención de los escritores del 98 hacia el «desastre» y su condena de la España imperialista.
Juan Ramón Jiménez al llegar a Buenos Aires después de siete años de exilio en Estados Unidos habló de conterrados.